jueves, 23 de abril de 2009

Triste día...


No puedo dejar de asociar lo que está pasando hoy, con los libros en mi país, con períodos tan vergonzosos en la historia de la humanidad como el oscurantismo, o el apogeo de los Tribunales de la Inquisición o del Nazismo puro.
En todos esos aciagos períodos de la humanidad, los ignorantes con poder se han vuelto en contra del conocimiento y ya sea quemando libros, condenando por herejes a sus lectores o amenazándolos con la cárcel, impiden, especialmente a una juventud ávida de transformaciones, acceder a la letra que es historia, ciencias y arte vivos, generadores de evolución y cambios.
Pero este 23 de abril será un triste día mundial del libro en Costa Rica, por causa indirecta del Tratado de Libre de Comercio con Centroamérica, República Dominicana y los Estados Unidos, y por causa más directa, de políticos irresponsables, faltos de visión y patriotismo, avezados en el doble discurso y la hipocresía, que aprobaron sin reparar en sus consecuencias, una modificación a la ley de derechos autos y derechos conexos, establecimiento penas de cárcel para aquellos estudiantes, amas de casa, madres y cualesquiera otro “delincuente” que tenga la osadía de reproducir una obra literaria, aunque sea con fines didácticos, escolares, educativos o para lo que ”putas” necesite.
Así lo declaró la Cámara Costarricense del Libro que aseguró además, serán inflexibles en la aplicación de la ley que formó parte de los compromisos del TLC con Estados Unidos. Omiten en sus amenazas los empresarios del libro, informar que Costa Rica es per capita uno de los mayores consumidores de libros de todo el continente y que la práctica de fotocopiado se da generalmente en estudiantes de recursos escasos, pero de gran espíritu y que aspiran con justicia y razón, a un futuro mejor. Omiten los defensores del TLC, explicar que con esa medida afectarán a jóvenes que muchas veces deben de sacrificar su almuerzo por pagar apenas unas fotocopias de aquel material que le acercará a la saber y la especialización.
Es inaudito que a estas alturas del siglo XXI se limite el acceso al conocimiento, especialmente a los jóvenes estudiantes. Es increíble que estemos a punto de presenciar el fenecimiento de la educación superior para la clase pobre y media.
¿Será acaso que la clase política tradicional requiere de una juventud sin capacidad de cuestionar sus actuaciones y triquiñuelas?
Gracias a esta situación, que en su momento fue advertida por quienes nos opusimos al Tratado, la juventud costarricense se vera obligada o a renunciar al estudio (dada la alta dependencia que tenemos de antologías que sustituyen a textos de alto costo) o a estudiar mediocremente. El día 23 de abril fue decretado por la UNESCO como día mundial del libro debido a la coincidencia en las fechas de defunción de tres íconos de la literatura universal (Miguel de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega).
En Costa Rica algunos lo celebrarán traficando antologías, introduciendo ilegalmente en alguna aula desvencijada y descolorida algún curso o manual práctico o a lo mejor, pasando de mano en mano a hurtadillas y de noche, un ejemplar don Quijote, de Romeo y Julieta o una estrofa del Dolorido Sentir.
¡Triste día mundial del Libro!

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