La intervención del Estado en la economía es la clave del éxito. Cuando se asomaba el desplome inmobiliario en los Estados Unidos el Estado Chino ordenó a los bancos disminuir la oferta de préstamos a un tiempo que incrementaban el gasto público y promovían recortes en las tasas de interés. Deliberadamente ha mantenido el valor de su moneda por debajo del real para generar mayores ingresos por exportaciones y a pesar de que desde la década de los años noventa del siglo pasado inició un proceso de economía de mercado, sectores estratégicos, importantes y claves como el de telecomunicaciones, energía, servicios públicos y servicios financieros, están bajo el total y absoluto control Estatal, incluida la transnacional Huawei que ya ronda por los patios de nuestro alicaído ICE.
China ha logrado una perfecta combinación entre Estado empresario y un creciente y pujante sector privado que se calcula que controla un 50% de la economía y hasta un 70% si se toma en cuenta a aquellas empresas estatales que operan como privadas.
Cerca del 60% del PIB y el 66% de nuevos empleos provienen de ese sector, pero, sin que el Estado desmantele su participación y gestión en la industria nacional.
El capitalismo Chino se evitó todo el caos y desorden que resultó del proceso de desregulación de la Unión Soviética y otras naciones socialistas que adoptaron el libre mercado, porque no cayeron en el cuento de la mano invisible y es el Estado quien fija precios, interviene en la bolsa de valores, controla los principales bancos y las políticas crediticias o limita las inversiones extranjeras.
Hay muchas cosas que no acepto y no comparto respecto de los chinos, especialmente aquellas que claramente atentan en contra de los derechos humanos y evitan cualquier asomo de pluralismo y democracia en esas tierras, por eso este artículo invita a que aprendamos las lecciones económicas de esa nación.
Siento que los costarricenses debemos de volver nuestra mirada a los años setenta, a un ideal de Estado que podía satisfacer las necesidades de todos, a un Estado que no le temía a ser empresario, que realizaba inversión pública, que generaba empleo; y siendo que es posible combinar ese tipo de Estado ideal con el sector productivo privado que también requiere de definiciones y de decisiones que le otorguen estabilidad y seguridad.
Me voy a permitir cerrar mi artículo con palabras del ex presidente Daniel Oduber. Por irónico que suene fueron editadas en el año 1980 y poseen en este nuevo siglo una actualidad que nos debe preocupar mucho a todos, se encuentran contenidas en una pequeña obra intitulada “Evitemos que nos devuelvan un país en escombros” y hoy las hago mías para concluir que:
“La ineptitud manifiesta, las decisiones inoportunas, las medidas contradictorias, la falta de visión en las metas y coordinación en las acciones, la inmadurez y la inexperiencia en la administración pública, la irresponsabilidad en la conducción de los asuntos de interés nacional y la arrogancia en el ejercicio del poder de este gobierno, han deteriorado y debilitado nuestra economía hasta el punto de hacer peligrar ya no solo la recuperación económica, sino también las instituciones, los valores democráticos y la justicia social de nuestro país.”



